Fer Lamadrid
del windsurf olímpico al surf, la vuelta al origen
Durante años fue uno de los referentes del windsurf competitivo en España. Hoy Fer Lamadrid sigue conectado al mar, pero desde una perspectiva diferente: menos cronómetro y más olas. Hablamos con él sobre competición, familia, surf y lo que realmente significa vivir cerca del océano.
Texto: SportGO

Fer, vienes de una familia muy ligada a la vela. ¿Recuerdas el momento en que el mar pasó de ser un juego a convertirse en tu vida?
Bueno, sé que me crié en una escuela de vela. De mis primeros años no recuerdo nada obviamente pero sé que mis padres pasaban el invierno preparando la temporada de verano. Criarme rodeado de velas, barcos, tablas… Supongo que algo influiría. Lo que sí recuerdo es que cada día en la escuela era una fiesta. Gente sonriente que viene de vacaciones a disfrutar de la playa y que si encima soplaba viento el ambiente era increíble. El primer día de curso se respiraba nerviosismo y entusiasmo, los días siguientes ganas de volver al agua a seguir aprendiendo y el último día la alegría de llevarte a casa una experiencia, algo de conocimiento, nuevas amistades y el super diploma. Para mí era una realidad paralela de tres meses.
Empezaste a navegar muy joven. ¿Qué fue lo que más te atrapó del windsurf en aquellos primeros años?
La verdad que fue un cúmulo de cosas. Mis padres me dieron la oportunidad de navegar los findes. ¿Poder ampliar esa realidad paralela que antes terminaba en septiembre? Me apunto. ¿Y encima perderme días de colegio cuando toca viajar para competir? ¿Quién no querría eso? Y por supuesto la sensación de libertad, de deslizarme sobre el agua gracias a una fuerza externa que no puedo controlar sino aprender a aprovecharla, eso es magia.
¿Quién fue tu mayor influencia cuando empezabas: familia, entrenadores o algún ídolo del deporte?
Mi padre por supuesto, mi héroe. Poder parecerme a él lo más mínimo. En la escuela era el jefe, la autoridad, pero también el mejor profesor que podías tener y fuera de la escuela era muy reconocido como regatista. Solo que cuando era pequeño admiré más la parte que no conocí de él que la que veía cada día.
Has vivido muchos años en el circuito competitivo. ¿Qué recuerdos te vienen primero cuando miras atrás?
Bueno veo tres etapas muy claras que sin duda marcaron mi historia como atleta.
La etapa juvenil, de puro éxito: títulos nacionales desde los 12 a los 19 años, europeos y mundiales en diferentes categorías. Lo viví como un sueño.
Después llegó la etapa adulta: competir en categoría olímpica, donde dejó de ser un juego y se convirtió en trabajo.
Y la tercera etapa, marcada por el síndrome de Guillain Barré, que me dejó paralítico durante 10 días. Conseguí volver al agua a los cuatro meses y a los seis un bronce nacional. En 2024 gané mi primer título nacional en categoría olímpica y firmé mi retirada.
¿Cuál ha sido el campeonato o momento que más te ha marcado como deportista?
El mundial juvenil de China en 2017, lo más parecido a cumplir mi sueño olímpico.
El windsurf es un deporte muy técnico. ¿Qué parte es más determinante: físico, estrategia o lectura del viento?
Siempre digo lo mismo, el windsurf es como jugar una partida de ajedrez a 190 de pulso.


¿Qué aprendiste del alto rendimiento que hoy sigues aplicando en tu vida?
Que todo pasa, sea bueno o malo. Que no hay que detenerse sino seguir adelante. Y que la diferencia entre un buen día o un mal día está en aquello a lo que prestas atención.
En tu familia el windsurf es ADN. ¿Cómo es compartirlo con tu hermana Pilar?
Compartimos algo muy especial. Ambos empezamos casi a la vez y verla ahora cumpliendo el sueño es increíble.
¿Habláis mucho de competición o desconectáis?
Hay que saber cuándo hablar y cuándo no, pero si es tu pasión, no hay límite.
“La diferencia entre un buen día o un mal día está en aquello a lo que prestas atención.”

¿Cómo se vive la presión en el alto nivel?
La presión depende del contexto. En mi caso era económica. Pero también está la presión interna: si estás tomando la decisión correcta en tu vida.
¿Hubo un momento en el que necesitaste reencontrarte con el mar?
Sí, al salir del hospital. Prefería surfear antes que navegar.
¿Cómo empezó tu transición al surf?
Después del hospital decidí romper barreras y probar competir en surf.
¿Qué te aporta el surf que el windsurf no?
La conexión más pura con el mar.
¿Es más difícil leer olas o viento?
Son lecturas diferentes, pero el viento es mucho más técnico.
¿Sigues teniendo mentalidad competitiva en el surf?
Sí, pero más relajada.
¿Qué enseña el mar a quien vive en él?
Valores, paciencia, intuición, respeto y conexión.
¿Qué lección solo se aprende en el agua?
Que al mar no se le puede dar la espalda.
¿Qué papel te gustaría tener ahora?
Entrenador y seguir explorando el surf.
¿Cómo ves el futuro?
El surf está en auge. El windsurf más estancado.
¿Están conectados surf y windsurf?
Totalmente. Para mí el surf es volver al origen.

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Una tabla: 5’5 Paddle Jumper Libtech, Lost
Si no el mar: Solo Dios lo sabe

