Felipe Rodríguez

Cantera surfera chiclanera

En La Barrosa no solo nacen atardeceres mágicos… también nacen sueños sobre una tabla.

Felipe Rodríguez Rubio tiene solo 9 años, pero ya lleva más de la mitad de su vida deslizándose sobre las olas. Empezó con una softboard amarilla y, desde entonces, el mar se convirtió en su lugar favorito.

Surf, skate, amigos, familia y mucha ilusión forman parte del día a día de este joven rider de Chiclana que ya ha probado la competición y sueña en grande.

Con los pies en la arena y la mirada puesta en el horizonte, Felipe demuestra que la pasión no entiende de edad.

Texto: SPORTGO

¿Cómo te llamas completo y cuántos años tienes?

Felipe Rodríguez Rubio, 9 años.

¿En qué cole estudias y en qué curso estás?

Colegio La Barrosa, 4º de EGB.

¿Cuándo probaste el surf por primera vez?

Probé el surf por primera vez con 4 años, con una soft board amarilla que fue mi primera tabla.

¿Quién te enseñó a surfear?

Me enseñó mi padre. Actualmente estoy en el equipo RECONNECTION con Tony Peñalver que me ha enseñado mucho.

¿Qué es lo que más te gusta del surf?

Lo que más me gusta es estar en el mar, con amigos y con mi padre.

¿Qué sientes cuando coges una ola buena?

Cuando cojo una ola buena siento felicidad, emoción y mucha paz.

¿Cuál es tu playa favorita de Chiclana para surfear?

Mi lugar favorito es La Barrosa, que es donde he aprendido. Aunque ahora estoy conociendo muchas playas de la provincia de Cádiz.

¿Has competido alguna vez?

He podido competir 2 años en el memorial de Miki en La Barrosa, y este año conseguí llegar a la final y estar en el podio. Fue chulísimo.

¿Cuál es tu mayor sueño en el surf?

Mi mayor sueño es poder competir en algún evento internacional, pero para eso hay que entrenar mucho y tomármelo en serio.

El surf siempre ha vivido de generaciones que aprenden mirando al mar y soñando con la próxima ola. En playas como La Barrosa, donde cada día nuevos niños entran al agua con más ilusión que miedo, el futuro del surf se sigue escribiendo.

Felipe representa esa nueva cantera que crece entre tablas, amigos y tardes infinitas en la orilla. Quizá hoy solo sea un niño disfrutando de cada ola, pero en esa pasión sencilla se esconde algo mucho más grande: el relevo natural de un deporte que nunca deja de renovarse.

Porque al final, el surf siempre encuentra a sus próximos soñadores. Y muchos de ellos ya están remando hacia su primera ola.